Violencia Escolar

El acoso escolar o también llamado bullying es el tormento que un niño o grupo ejerce sobre otro de manera intencional. El siguiente artículo reflexiona sobre cómo debe actuar la familia y cuál es el papel que debe cumplir la escuela para prevenir e intervenir frente a este tipo de situaciones.

Fernando tiene 9 años y es obeso. En la escuela, un compañero lo llama “saco de grasa”. Lo molesta en los recreos y durante las clases. En un sitio de Internet etiquetó con su nombre una foto trucada de un cerdo con aspecto humano. Debajo, se agregan comentarios hirientes. Los otros chicos lo fueron dejando a un lado y ya no lo invitan a sus casas. Fernando se siente solo y diferente a los demás. No tiene ganas de ir a la escuela. Su madre está preocupada porque lo ve desganado. Sus notas bajaron mucho en los últimos meses. Lo escuchó llorando en su habitación, pero él no quiere contarle lo que le pasa.
El acoso escolar es un tormento que un niño o un grupo ejerce sobre otro de manera intencional. Incluye burlas, insultos o desprecios. Puede estar acompañado de empujones y golpes. En casos más graves, incluir extorsiones: como quedarse con el dinero de su merienda o con sus posesiones. Este estilo de violencia es más común entre varones. En las niñas la agresión suele estar más encubierta. Puede que rechacen a una compañera por su aspecto físico, su manera de vestir, su pertenencia a una religión o estrato social diferente.
El caso de Javier Romero fue el primer fenómeno de acoso escolar que llamó la atención en nuestro país. En agosto de 2000, se cansó de que lo llamaran “Pantriste”. A la salida del colegio, antes de disparar sobre sus compañeros, gritó “me voy a hacer respetar” y descargó sobre dos de ellos. Uno murió. El de Carmen de Patagones fue un caso similar.

¿Cómo ayudar si la víctima es su hijo?

A los niños les puede dar vergüenza hablar de esto con los adultos. Pueden callar por miedo a decepcionarlos. También, sentirse culpables. Pensar que si tuviesen otro aspecto o forma de ser, esto no les pasaría. Del mismo modo, está el miedo a hablar y que sus padres no hagan nada. O que los presionen para que peleen. O que sus agresores se pongan más pesados.

Si sospecha que su hijo está pasando por esta situación:
– Busque el momento para conversar.
– Explíquele que si habla, se va a sentir mejor y escúchelo sin interrumpirlo.
– No lo invite a responder con otra agresión.
– Aclárele que él no tiene la culpa de lo que está pasando y comprométase a ayudarlo.
– Póngase en contacto con las autoridades y maestros de la escuela para pensar estrategias conjuntas.
– Ayúdelo a invitar amigos a su casa para recuperar sus vínculos.
– Comparta con él alguna situación similar que usted haya tenido que afrontar. No sentirse el único al que le pasan estas cosas y saber cómo lo resolvió, puede servir.

El papel de la escuela

Los programas de prevención de la violencia escolar apuntan a desarrollar habilidades sociales en los chicos y a intervenir en el conjunto de la clase, favoreciendo relaciones positivas entre los compañeros.
Agrupar a los alumnos en equipos heterogéneos dentro del trabajo en el aula (en rendimiento, nivel de integración, en diversidad étnica y de género) ayuda aluchar contra la exclusión y a superar la desigual distribución de protagonismo que se produce en las aulas. Esto debe implementarse en forma continua y a largo plazo para que puedan verse resultados.
También, la participación en actividades en las que se les pide que desempeñen papeles adultos. Por ejemplo, elaborar una declaración de Derechos Humanos, una campaña de prevención de la violencia escolar, etc.
Promover un entorno escolar de calidad necesita de la cooperación de todos: profesores, alumnos y familias.

Claudia Cabrera
Lic. en Psicología U.B.A.

Publicado el:

jueves 31 de marzo de 2016

Autor:

  • Patricia Cabrera

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