Una publicación ejemplar sobre la Shoá

El material Shoá, recomendaciones para su enseñanza y aprendizaje está destinado a introducir la temática del Shoá/Holocausto en el sistema educativo.

Shoá, es el término hebreo que se utiliza para referirse al Holocausto, genocidio acaecido en la Alemania Nazi de la década del 30 que tuvo como líder a Adolf Hitler y como nefasta consecuencia 6 millones de víctimas. Es una desgracia que deja una enseñanza, por eso se toma y se trata de imponer el nombre de Shoá y no usar tanto holocausto.

“Shoá, recomendaciones para su enseñanza y aprendizaje” está formado por un conjunto de materiales –textos, cronologías, testimonios y sugerencias didácticas- que tienen como objetivos, crear un sentido de compromiso con los derechos humanos, promover en las nuevas generaciones el valor de las instituciones de la democracia para la construcción de ciudadanos responsables y comprometidos y potenciar la conciencia pluralista en una sociedad que atienda la diversidad.

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Shoá, recomendaciones para su enseñanza y aprendizaje


Además les acercamos algunos testimonios de judíos perseguidos durante la Alemania Nazi, los cuales dan cuenta, elocuentemente, de lo padecido durante el Holocausto.

La vida antes de la guerra

Regina Kenigstein
“(…) Regina es la única sobreviviente de su familia. Nació el 15 de mayo de 1922. Eso dicen los documentos que obtuvo en la posguerra, pero según explica, el año que ahí figura es producto de un cálculo aproximado. (…) “Yo no nací en un hospital, entonces no tenía dónde buscar los papeles de mi nacimiento. [Regina Kenigstein nació en Ger, un shtetl, una aldea de las muchas que existían en Polonia. Ubicada a treinta kilómetros de Varsovia, en 1939 contaba con una población de tres mil quinientos judíos]
Mi papá era un peluquero religioso, que no ganaba lo necesario para mantener a sus nueve hijos. Pero casi, casi teníamos para comer, entonces yo era feliz. No sabés cuántas veces fuimos a dormir sin comer, y él dijo: “está bien, gracias, Dios”. (…) Mi mamá decía “Ah Rivkale…Ella, tenga o no tenga hambre, siempre canta”. (…) Mi papá estaba muy contento con el nacimiento de la primera nena. (…) Yo me daba cuenta de que al servir la sopa mi mamá calculaba, para que cada uno tuviera un pedacito de papa, de repollo o de zanahoria. Cuando había una botellita de aceite, nos sentíamos millonarios. El azúcar la comprábamos de a cien gramos. Pero había una vida. (…)”


Salomón Feldberg
“(…) El 23 de diciembre de 1923, Paula Diamant de Feldberg dio a luz a su único hijo, Salomón, en la ciudad de Bedzin. (…) Ubicada en la Alta Silesia, hacia 1939 la ciudad de Bedzin contaba con veintisiete mil judíos que representaban el cuarenta y cinco por ciento de la población total.
“Era una ciudad de clase media donde se vivía muy bien._ evoca Salomón_ Había trabajo.
_ ¿Padecían el antisemitismo? _ Los judíos vivíamos como judíos y los cristianos como cristianos. Pero antagonismos siempre hubo (…) La tensión entre judíos y católicos era aceptada como una realidad que juzgábamos absurda pero que escapaba a nuestro control. Eso no impedía que nosotros compartiéramos los festejos con los vecinos. Ellos comían en nuestra mesa para Pesaj [Pascua] y nosotros íbamos a los bautismos de sus hijos en la iglesia.
(…) Los judíos podían ser pobres o ricos, pero ninguno era analfabeto, porque desde muy temprana edad se los mandaba al jeder. En hebreo, jeder quiere decir “pieza”. Y a ese lugar de enseñanza se lo llamaba así porque no era una escuela ni una sinagoga; era una habitación en la casa de un maestro."


David Galante
“Nací en la isla de Rodas en 1925. Rodas pertenece al grupo de las islas del Dodecaneso en el mar Egeo
En las primeras décadas del SXX había en Rodas unos 5000 judíos. La mayoría vivía dentro de la ciudad amurallada.
(…) La convivencia entre italianos y la judería se desarrolló siempre sin inconvenientes y en más de una oportunidad la solidaridad acercó todas las comunidades. Los jóvenes judíos se incorporaron a la sociedad italiana, en grupos a cantar, desde las canzonetas napolitanas hasta las operas italianas (…)
“Mi familia estaba compuesta por mi padre Abraham, mi madre Rebeca Benditcha, mis cuatro hermanas: Sara. Rosa, Juana y Matilde (…) y los varones: Hiskiá, Moshe y yo. Me eduque en la Alliance Israelita Universelle
Dos de los hermanos de David pudieron emigrar de Rodas antes de la guerra. Hiskiá vino a la Argentina en el año atraído por un primo de la familia. ( …) Sara se fue a Rhodesia donde se casó y tuvo un hijo (…)"



Alemania invade Polonia. Comienza la guerra (1º de septiembre de 1939)
Salomón “El clima estaba enrarecido. Hubo gente que se desesperó por escapar. Quien tenía un auto cargaba todo lo que podía, subía a la familia y se largaba por el camino a cualquier parte, a ninguna parte. Fue terrible; a muchos de ellos los mataron en la carretera. (…) De golpe, muchos ciudadanos de la región aparecieron con el uniforme [nazi]. Eran personas que nosotros conocíamos y, de repente, las vimos junto a la tropa. Cuando llegaron los nazis, ya tenían todo preparado. Fue tan paulatino… tan bien armado… Despacito, despacito, fueron apretando. (…) Primero se llevaron presos a los intelectuales polacos. A aquellos que no se habían comportado como proalemanes antes de la ocupación, se los llevaron inmediatamente. Ya venían con la lista preparada. Se llevaron médicos, sacerdotes, maestros, profesores. La idea era dejar a la población sin dirigentes. (…) A mi mamá le impidieron seguir atendiendo en su consultorio privado. A mi papá le confiscaron la fábrica, pero lo obligaron a seguir trabajando en ella. (…) Apenas entraron, impusieron el toque de queda y la cartilla de racionamiento. Para los polacos católicos, el toque de queda terminaba a la cinco de la mañana. Para los judíos, a las seis y media. Entonces, ¿qué pasaba? A las cinco en punto, los polacos estaban haciendo cola frente a la panadería. Cuando llegaban los judíos, ya no quedaba pan. Hubo chicos y chicas judíos que se quitaron el brazalete con la estrella y se infiltraron en la fila para conseguir pan. En esos casos, la reacción fue siempre la misma: los polacos los sacaron de las orejas y los entregaron a la policía alemana.

Regina
“(…) Mi papá murió antes de la guerra, pero él murió normal_ dice Regina, después de haber perdido al resto de su familia en la anormalidad del exterminio nazi_ Cuando él murió, los chicos éramos chiquitos, mi mamá era muy flaca… De madrugada yo iba a ayudar a la panadería, para ganarme una canastita de pan (…). No alcancé a trabajar mucho tiempo, porque vinieron ellos, y entonces empezó todo. Nos llevaron a Varsovia, al gueto. Nos sacaron de nuestro pueblo; fue como agarrar un pajarito y echarlo de su nido. (…)
Vinieron y gritaron que todos los judíos teníamos que salir de las casas, y que podíamos llevar un paquete con las cosas más necesarias. Hacía mucho frío, había hielo (…)Nos tuvieron horas esperando ahí fuera, bajo la nieve. A hombres viejos, a mujeres con bebés en brazos, a enfermos, a todos. Al final a los golpes, nos subieron al tren para llevarnos al gueto de Varsovia. (…)"


David
(…) La guerra había empezado; comenzamos a sentir el desabastecimiento, hubo tarjetas de racionamiento y muchos hábitos alimenticios tuvieron que ser dejados de lado (…).
(…) La vida de los Galante se iba tornando cada vez mas difícil (…) todos los hermanos tuvieron que conseguir trabajo.
(…) “Así estuvimos viviendo hasta fecha en que el gobierno italiano firmó el armisticio con los Aliados. Como consecuencia, los alemanes ocuparon la isla y desde ese momento comenzaron los bombardeos aéreos y navales. ( …) El barrio judío fue elegido por su posición estratégica frente a la entrada del puerto y por lo tanto se convirtió en el principal destinatario de las bombas aliadas que atacaban las posiciones alemanas” (…)



El ghetto

Salomón
“(…) En 1941, los judíos de Bedzin fueron trasladados al gueto central de Schroedel. De la noche a la mañana, les ordenaron empacar “sólo lo indispensable” y abandonar sus casas. _ Apenas llegamos al gueto, comprendimos que allí todo iba a ser aun peor_ recuerda Salomón_. Las viviendas eran ranchos miserables. A la gente se la veía débil, encorvada por el peso del hambre, aterida por el frío y la humedad.(…)"

Regina
“(…) Al llegar a Varsovia nos obligaron a dejar nuestros paquetes y entrar en unos baños (…) Cuando salimos de ahí, los paquetes habían desaparecido (…) Al día siguiente repartieron unas tarjetitas. Dijeron que eran cartillas para retirar pan. Mi mamá las guardó, porque faltaba poco para Pesaj, y durante esa fiesta no se puede comer pan con levadura; ni siquiera se lo puede tener dentro de la casa. Yo le dije: “Pero, mamá, esto es una cosa para matarnos a nosotros. ¿Cómo vas a mirar si va a ser Pesaj o no va a ser Pesaj? Vamos con estas tarjetitas, traemos pan y salvamos a los chicos (…) Mamá, no es pecado; es para mantenerse. Ahora no es “no se puede”, ahora se puede todo, mamá.
Regina no debería haber tenido que soportar lo que sus ojos contemplaron en una de sus escapadas del gueto para buscar comida. Aquel día se cruzó con un grupo de judíos que estaban siendo deportados. (…) _A algunas madres con bebitos en brazos las llevaban hasta el tren. Varias de ellas, antes de llegara a la estación tiraron al suelo a sus hijos chiquitos. Pensaban que, a lo mejor alguien los iba a levantar y que podrían salvarse. Ellas sabían que iban a la muerte, y trataron de hacer algo para que sus hijos vivieran. Pero yo vi cuando estos bandidos nazis trajeron una bolsa, juntaron a los chicos como gatos y, pam, golpearon la bolsa contra la pared. Así los mataron. (…)”
Regina Kenigstein de Hubel


Los campos

Regina
“(…) _ ¿Qué pasó con usted y con sus hermanitos después de la muerte de su mamá?_ A mis hermanitos no los vi más, porque un día estábamos trabajando y , de repente, gritaron que iban a trasladar el taller a Poniatowa, Empezaron a cargar las máquinas y la ropa en camiones y después nos llevaron a nosotros. Así, de golpe.
_ Así fuimos a Auschwitz; caminado. Caminamos noche y día. Algunos no podían aguantar, se caían, se desmayaban, se arrastraban. Cuando entramos, separaron a las mujeres de los hombres (…) nos metieron en barracas, A nosotros no nos llevaron enseguida para quemarnos. Primero nos hicieron trabajar. No era trabajo verdadero. Eran cosas para mortificarnos. Nos hacían llevar piedras pesadas de un lado al otro; para nada. Sólo para hacernos sufrir, y para que a las más débiles las matara el esfuerzo. Así estábamos todos los días. Perdoname por lo que voy a decirte… pero… en las barracas no había baños. Teníamos que hacer todo en un balde, ahí mismo.
Antes de que me anotaran para ir al crematorio otra chica del block y yo fuimos a tratar de sacarle algo de comida a un perro de la Gestapo.
Cuando entramos [a los crematorios], ellos trataron de disimular; querían que creyéramos que era un lugar para bañarnos. Hasta un pedacito de jabón nos dieron. Era para que uno pensara que no lo iban a matar. Yo entré con toda la gente que iría a parar al crematorio. En lo único que pensaba era en escapar. Yo era chiquita, flaquita, no tenía cabello, estaba desnuda: era como un salvajecito, ¿viste? Yo miraba para todos lados, pero no veía ninguna puerta para poder salir. Recién cuando llegó una partido de judíos de Lodz, se abrió la puerta para que ellos entraran. Mujeres, maridos, criaturas, todos juntos; todos llorando, todos gritando. Cuando vi la puerta abierta, me metí con fuerza por debajo de las piernas de la gente que entraba y traté de escapar. ¡Ay, los gritos de las criaturas y de las madres…! Esos gritos no voy a dejar de escucharlos jamás. No sabés como eran esos gritos. No hay cómo contar esos gritos. (…) Cuando me metí como un gatito entre las piernas de la gente, me vio un Gestapo. Le supliqué que me dejara escapar. Él me contestó así “¡Verschwinde, du dreck!” [¡Escapá basura!] (…) Y yo corrí."
Regina Kenigstein de Hubel

Salomón
"Salomón Feldberg fue deportado a Auschwitz en junio de 1943 junto con su madre. En ese momento su padre no estaba con ellos, pero en la siguiente razzia se ofreció como voluntario con la esperanza de encontrarse con su familia. Pero no fue así. Él no lo sabía pero su esposa fue enviada al crematorio el mismo día de su llegada. Tampoco pudo encontrase con su hijo a quien al llegar se le dio un especial destino. Fue seleccionado junto con otros diez chicos para experimentos médicos. De Auschwitz fue trasladado al campo de Sachsenhausen a menos de treinta kilómetros de Berlín. Pronto vino lo peor (…) vimos a los médicos haciendo grandes preparativos para protegerse de algo que nosotros no sabíamos qué era. Se pusieron guardapolvos, guantes de goma y máscaras. Nos suministraron una serie de sustancias que ninguno de nosotros pudo distinguir. A mí y a otros dos chicos nos dieron inyecciones en los brazos y en las piernas. Nos sentíamos terriblemente mal. No podíamos tragar ningún alimento. Teníamos fuertes diarreas e ictericia. (…) Cada vez estábamos más débiles y más tensionados. Teníamos miedo de morir. Si no hubiera sido por la ayuda de dos noruegos, el enfermero Per Roth y el médico Sven Oftedal, los once habríamos muerto. (…)” David

(…) En julio 1944 llega a la Isla de Rosas la Comisión Rosenberg quien llegaba con la misión de ejecutar parte de la Solución Final. El 2 de julio una ordenanza del comando militar alemán promulgó un edicto que le ordenaba a todos los judíos de Rodas presentarse en el edificio de la aviación (…) con todo su “dinero, joyas y objetos de valor” (…) los que no se presentaban espontáneamente eran buscados y al padre de familia lo fusilaban. “Camino al edificio de la aviación nos topamos con unos carteles junto a la playa que en italiano decían “prohibida la entrada a perros y judíos”
“Cuando llegamos al edificio de la aviación (…) Los nazis nos dijeron que el motivo por el que estábamos ahí era que nos iban a llevar a todos a un campo de trabajo, las familias podían permanecer juntas si trabajábamos para ellos. (…)
“Recuerdo haber visto por la ventana del edificio, un camión lleno de bolsas con joyas y dinero que los nazis le habían confiscado a todos los que se presentaban”(…) “ nadie podía imaginar lo que estaba por pasar(…)”
“El 23 de julio de 1944 nos subieron a tres barcos, nos llevaban abajo en las bodegas (…) alguna noche nos dejaron salir para dormir al aire libre. Comida no teníamos mucha y el hambre empezaba a hacer estragos entre nosotros (…) “Algunas veces veíamos pasar los aviones aliados por arriba nuestro. Ellos sabían perfectamente donde nos llevaban” (…) “Sin embargo nadie se opuso a que nos llevaran a nosotros al campo de extermino”. (…) Tardamos 7 días en llegar al puerto de Atenas, en estos días muchos fallecieron, algunos por hambre otros por enfermedades (…) algunos cuerpos debieron ser tirados al mar”.
“El 4 de agosto nos llevaron a la estación de trenes rumbo al campo de exterminio” “(…) las escenas violentas que vivimos entes de subirnos al tren me aterraron y fueron el prólogo perfecto de todo lo que empezaríamos a vivir”
[Al llegar a Auschiwtz escuchaban que les gritaba] (…) “Los hijos a los viejos” [en ese momento no comprendían el por qué de esa consigna] (…) todos entienden que los jóvenes los mejor alimentados (…) encontraran su trabajo esclavo la posibilidad de una lacerante salvación (…). Los viejos, los hijos, los enfermos ya no tiene otro destino (…) que las cámaras de gas.
(…) La ración diaria de comida era una rebanada de pan y un plato de sopa (…) que era un caldo con gusto a nada. (…) con la ración diaria tu cuerpo se derretía (…) te ibas debilitando (…) Por eso cualquier trabajo que te diera algo extra con lo cual alimentarte era muy requerido porque significaba que extendías las posibilidades de vivir.
(…) “La vida del campo te embrutece. Te hace menos persona. Te rebaja a lo peor”(…)
(…) existen cuatro formas de morir en el campo: en las cámaras de gas, por frío, por hambre o de un balazo (…) había otras pero de estas debías cuidarte diariamente en el campo.


Claves para la supervivencia

MH: - David, ¿Cuáles eran las claves para sobrevivir en un campo de concentración?
DG: _ (…) Primero, procurarse la mayor cantidad de comida posible, arriesgando lo menos posible la vida de uno para lograrlo. Segundo, conseguirse un buen abrigo y calzado en buen estado. Con zapatos podés ir a buscar comida (…) En tercer lugar tratar de aprender la mayor cantidad de idiomas posibles o aprender palabras fundamentales para entender las órdenes y evitar castigos o conseguir mejores trabajos (…)
(…) La clave pasaba por no pensar más allá del mañana. La cabeza de uno debía estar concentrada en el aquí y ahora. El único desafío verdadero era despertarse vivo a la mañana siguiente (…)

Liberación

(…) veníamos a ser como ese polvillo que queda en el suelo cuando se termina de barrer: sin embargo sabemos que cuando se barre rápido algo queda en el suelo. Nuestra mayor expectativa era que fuéramos eso. Los últimos restos de evidencia que en el apuro por alejarse de la escena del crimen queden ocultos a la espera el tiempo los desvanezca por sí solos. Sólo polvillo a la espera de ser eliminado por el viento”.
(…) El 27 de enero de 1945 las tropas del ejército rojo ingresaban desde el Este y liberaron así el campo de exterminio de Auschwitz.
“Cuando se liberó el campo los rusos nos daban una sopita a cada rato. Una enfermera de daba cada tres horas un terrón de azúcar. Daban una dieta equilibrada porque si comías mucho y apurado llegabas a morirte. 38 Kg. tenía el día de la liberación y 58 Kg. tenía cuando salí del campo, me sentía ya físicamente una persona “ (…)


Los salvadores
Regina
“(…) Tendida sobre el piso del hospital helado (…) [Regina] vio una sombra reflejada en el piso, (…) el perfil impreciso, de a poco cobró forma de enfermera: _ Llorando le pedí que me salvara. Mi voz la sobresaltó, y al verme se hizo la señal de la cruz. Ella miró para todos lados. Quería asegurarse de que no hubiera nadie alrededor. Me preguntó si era judía y le dije que sí. Más nerviosa se puso, si me veían sus superiores nos mataban a las dos (…) Con señas, me indicó que me callara, y que la siguiera entre las filas de camas. Me metió debajo de la suya. Trajo unos trapos para que me tapara y, cada tanto, me tiraba unos pedacitos de pan, Así estuve, tirada como un perro debajo de la cama, dos noches y dos días (…)”

Salomón
“(…) Al llegar a Sachsenhausen, al prisionero Sven Oftedal lo destinaron a cumplir con el trabajo esclavo en el Hospital. Per Roth era de Stanvager y fue arrestado por los alemanes en 1942 mientras realizaba actividades clandestinas para la Resistencia en Rogaland. (…) Ambos se unieron a otros médicos y enfermeros deportados para ayudar a las víctimas de los médicos nazis. Con los escasos medios a su alcance, tomaron como una causa propia la supervivencia de los once niños judíos sometidos al experimento con el virus de la hepatitis. A escondidas, le administraban remedios para paliar los efectos de las sustancias que se le inoculaban y les daban raciones suplementarias de comida para fortalecerlos. En Sachsenhausen, a los prisioneros noruegos, daneses y holandeses los nazis les permitían recibir encomiendas provenientes de la Cruz roja. Los judíos no contaban con esa posibilidad; ellos estaban allí para morir. Cuando armaron su plan los nazis no consideraron la variable de que el hombre pudiera comportarse como hermano del hombre incluso en el infierno. Pero a veces sucede. Cuando llegaban sus paquetes con alimentos enlatados, Per Roth y Sven Oftedal los compartían con los niños judíos a los que habían decidido proteger (…)”

David
Un día, volviendo del trabajo, David vio todo su grupo formado unos metros antes de llegar a la barraca. (…) un kapo vociferaba severamente porque le faltaba un integrante del grupo. A poco de llegado del campo una de la primeras cosas que había aprendido era que si un integrante se fugaba, todo el grupo al que pertenecía era asesinado (…)
Al aproximarse al grupo David percibía esa clima cortante que se vivía en este tipo de situaciones (…) Cuando se incorporó al grupo, el nazi de turno se dirigió a él profiriendo unos gritos infernales (…) David alcanzó a entender que preguntaba por su paradero. (…) destrabando su lengua, balbuceó “trabajo, trabajo, trabajo”. Un fuerte puñetazo cayó frente a su rostro como una única respuesta. (…) la sangre empezaba a brotar por todos lados (…) los golpes empezaron a hacerse mas reiterados a puño cerrado y con mayor violencia. En un momento notó con la punta de la lengua que había perdido dos dientes delanteros. (…) finalmente cayó desvanecido perdiendo el conocimiento. (…) los hombres del grupo temerosos se retiraron a sus barracas (…)
Pierre, un amigo francés, con el que había compartido tareas los últimos días, se encargó de transportar a David hasta la barraca, depositándolo en su camastro. Intentó mantenerlo despierto aleteando un trozo de cartón frente a su cara. (…) David despertó sin saber lo que pasaba (…) Pierre fue limpiando las heridas con un trapo y le alcanzó un cuenco con agua. (…) Conforme volvía a recobrar las compostura, el primer pensamiento que articuló le llevó a tomar conciencia que de haber permanecido en la nieve, para esa hora estaría muerto. Por eso se deshizo en palabras de agradecimiento y elogios para Pierre quien intentó minimizar su labor y para tranquilizarlo le dijo que ya llegaría el momento en que David podría hacer algo por él.
(…) Tres días después de este doloroso episodio hubo selección (…) selección significaba descartar los “trastos inútiles”. (…) David avanzó bien erguido, sacando pecho y avanzando con paso firme. El médico señaló a la derecha. Una extraña alegría invadió el rostro de David. Detrás de él, avanzó Pierre (…) la birome del médico indicó la izquierda. No había nada que decir. David se sintió débil e impotente (…) Volvió a la barraca apesadumbrado. (…) La promesa circunstancial de que alguna vez podría devolverle su gesto, nunca sería concretada.
Para David, Pierre fue uno de sus salvadores.


La vida después

Regina
“(…) Apenas terminó la guerra se casó con otro sobreviviente, Ignacio Hubel, cuando todavía estaban en Alemania. Allí mismo, en Hannover, mientras pensaba cómo armarse un destino sin madre, sin hermanos, sin vivienda, sin dinero, (…) Regina hizo un tratamiento para poder quedar embarazada. (…) Así me llegó la menstruación y pude estar de compra. (…) el 20 de julio de 1946, nació Raquel. Estuvo un mes en la incubadora de tan chiquita que era. (…) Mi hija recibió un montón de regalos: cochecitos, tapaditos, que sé yo cuántas cosas. Todos me abrazaron y me besaron; todos lloraban. Vinieron un montón de periodistas. Yo no sabía, pero con Raquel sumaron dos mil los hijos de sobrevivientes. (…) Dos años después de haber llegado a la Argentina, en el ’50, tuve mi segundo hijo, Jorge. (…)”

Salomón
“(…) _ ¿Cómo fue que vinieron a la Argentina? Porque un día, a principios del 46, recibimos una carta de una prima Elena (…) Explicaba que en Buenos Aires habían empezado a aparecer listas de sobrevivientes y que un tío de ella, un tal Salomón Feldberg, quería ayudarnos. (…) Como los países tenían cupos para recibir sobrevivientes, había que tener algún pariente que hiciera lo que se conocía como “una llamada”. Este Salomón Feldberg dijo que a través de su amigo José Zawluk podía hacernos llamadas para Paraguay y que después ellos ya sabían cómo hacer para que pudiéramos llegar a Argentina. (…)
Para poder venir a la Argentina tuvieron que hacernos menonitas. _ ¿por qué menonitas? _ Las leyes migratorias no nos permitían entrar en la Argentina como lo que éramos: judíos polacos. (…) Fuimos al Registro Civil con dos testigos comprados. Ellos juraron que nosotros habíamos nacido en una colonia menonita alemana y que, en medio de la selva, nunca habíamos sido registrados. (…) Así nos extendieron los certificados de nacimiento como menonitas. Como los menonitas eran objetores de conciencia, no había problemas con el asunto de la libreta de enrolamiento. Desde Paraguay viajamos en el barco Ciudad de Corrientes, que arribó al puerto de Bs. As. el siete de febrero de 1947. (…) Era un martes _ recuerda_, y al lunes siguiente mi tío Machel [otro sobreviviente] y yo ya fuimos a trabajar. Salomón Feldberg nos había conseguido trabajo en una fábrica de calzado. (…) _ Y usted no entendía una palabra de castellano. _ No, y mi tío menos. Sin embargo, nos pusieron a trabajar. Pero, bueno, pensá que para nosotros el tema del calzado no era desconocido [Su papá había sido dueño de una fábrica de calzado antes de la guerra] _ A usted le parece algo natural haber empezado a trabajar en la Argentina sin saber una palabra de español y sin poder estudiarlo de un modo sistemático. Pero, en verdad, es asombroso. _ ¿Por qué? Si toda la gente del grupo de sobrevivientes que llegamos aquí entre el ’46 y el 49’ nos insertamos inmediatamente. (…) Y todos educaron a sus hijos. Es muy difícil encontrar a algún sobreviviente que no haya hecho lo imposible para que sus hijos fueran a la facultad. Eso era una meta, ¿entendés? A través de nuestros hijos, hemos conseguido todo lo que, antes de la guerra, soñábamos para nosotros. (…)”


David
"(…) Después de pasar por Grecia, Rodas ir a Israel descubriendo que su hermano estaba en Roma decidió que el mejor destino era ir al encuentro con su hermano (…) “Nuestro encuentro fue desgarrador, no sabíamos si llorar o reirnos. Me impresionó la figura de Moshé: estaba escuálido, como el día que me liberaron de Auschwitz y eso que él era más alto(…)
(…) David y Moshe llegaron a Buenos Aires escondidos en un armario de un barco en complicidad de un amigo de Hiska que se encargó de que llegaran a puerto seguro (…)
“A los pocos meses de llegar a la Argentina, David integró las actividades de la comunidad Chalom, conformada por judíos provenientes de Rodas. (…) aproximadamente 6 años después de su llegada conoció a Raquel Eskenazi quien fue su novia por más de tres años antes de su casamiento que fue el 6 de abril de 1957.
(…) tuvieron dos hijos Sandra y Ezequiel, este ultimo hace 20 años vive en Israel con su esposa y dos hijos. (…) después de pasar por varios trabajos incluido una fabrica de tejidos de punto >…) en la década del 60 la producción fabril tuvo un repunte en Buenos Aires por lo que se animó con dos gallegos amigos a la industria del ciclismo y pusieron una fabrica de bicicletas en la localidad de Villa Ballester (…) con el auge de la TV comenzaron a fabricar mesas de televisión (…) todo esto permitió que la familia Galante pudiera tener un bienestar económico que le permitiría viajar por África, Europa y Norteamérica y reencontrase con parientes y amigos de todo el mundo.
(…) los domingos el grupo familiar a pleno se trasladaba al Club Hispano Argentino en el delta del Tigre donde David disfrutaba del tenis como del remo (…)"


Importancia de educar a las nuevas generaciones

David
“Algunos dicen que el holocausto fue un atentado contra la humanidad. Yo creo que fue un atentado que perseguía la destrucción del pueblo judío. (…) Mientras masacraban a toda mi familia en las cámaras de gas, el mundo miraba para otro lado. (…) Si el mundo se hubiera levantado y hubiera protestado enfáticamente contra el exterminio del pueblo judío, los alemanes no hubieran podido sostener esta matanza de manera tan salvaje. Cuando intentaron matar a los minusválidos a los deficientes mentales en Alemania nazi, la Iglesia Cristiana y gran parte del pueblo se opusieron (…) motivo por el cual tuvieron que detener la matanza. (…) Me pregunto ¿quién se opuso de la misma manera al exterminio sistemático de los judíos como para obligar a los alemanes a detenerla?”

Regina
“(…) durante muchos años estuve bien callada. No quería contar todo eso. No sabía qué enemigos podía haber al lado. Temía que si se daban cuenta de que yo sabía todo lo que le hicieron a la gente, me mataran. Mucho miedo tenía. Yo sólo le contaba a los que habían pasado por estos campos. Pero a la gente…, quiero decir, a cualquier persona, yo ni ahora puedo contarle. Porque enseguida te dicen que te entró una fantasía en la cabeza, que no pudiste haber salido viva de esto. Y sin embargo fue así. Sí, yo pasé esto. (…)
(…)yo no quiero que esto se repita. El problema es que van llegando nuevas generaciones, y si no saben lo que pasó, puede volver a pasar. (…) Tienen que saber lo que fue Auschwitz, querida. Tiene que saberlo, para que nunca más le hagan a nadie lo que a nosotros nos hicieron ahí”


Salomón
“(…) _ ¿Le cuesta conciliar el sueño? No. Para mí la lucha empieza cuando me quedo dormido. Peleo contra el sueño, siempre contra el mismo sueño. Me despierto en mitad de la noche con los dientes apretados y los ojos secos de tanto ver las llamas tragándose la sinagoga (...) Existen pastillas para dormir y para no dormir, pero no hay pastillas para dejar de soñar. (…) En realidad, yo no sueño; recuerdo (…) Yo reconstruyo en sueños algo que en verdad ocurrió. (…) _ Cuénteme aquel recuerdo_ le pido (…) Mi papá subió al techo y dijo “Están quemando el barrio viejo” (…) Dos días después reclutaron a todos los judíos que encontraron para limpiar el barrio quemado. Mi papá salió a ver que pasaba y lo obligaron a unirse a la cuadrilla que juntaba cadáveres. Yo fui a llevarle comida. Y ahí vi las cabezas calcinadas. Viva, sí, viva esa gente fue quemada viva … muchísima gente… mujeres, viejos, criaturas… (…) Eso no lo voy a olvidar nunca. (…) No quiero olvidarlo. (…) No tengo por qué olvidarlo. Yo no quiero que eso vuelva a suceder. Nunca. Se lo repito hasta el cansancio a mis hijos, a mis nietos, a quien sea. (…)
_ Hay que machacar _ Sí hay que machacar. Pero ¿de qué sirve si no quieren saber?
_ Yo sé que es doloroso recordar todo esto, Salomón…
_ No, un momentito_ me detiene: doloroso es olvidar."

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