A 40 años de su desaparición

Rodolfo Walsh

Compartimos un artículo del Lic. Francisco Senegaglia quien nos invita a reflexionar sobre la figura de Rodolfo Walsh; su vida y sus palabras que siguen provocando a la lucha, la justicia y la defensa de los intereses del pueblo.

El 25 de marzo de 1977, un día después de publicar su Carta a la Junta, Rodolfo Walsh fue interceptado por fuerzas de la Escuela de Mecánica de la Armada. Walsh, al igual que Vicky, resiste el embate con una pistola calibre 22. Finalmente es acribillado y su cuerpo llevado a la ESMA. Los testigos secuestrados en la ESMA, aseguran que llegó muerto. Su cuerpo fue desaparecido.
Walsh, es Walsh. Su vida y sus palabras siguen provocando a la lucha, la justicia y la defensa de los intereses del pueblo. Su vida, sus palabras y su muerte son memoria viva.

Como Consejo General de Educación pensamos la historia como memoria y la educación como identidad. En la huella de Walsh sentimos y pensamos que es desde la memoria de nuestros hombres necesarios, que renacemos como pueblo y como Patria. Desde la convicción que es en la escuela, donde se funda y recrea la identidad de nuestros destinos colectivos.

A Rodolfo Walsh.
Por Francisco Senegaglia
In memoriam
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Walsh pasó sus últimos meses en una casa de San Vicente en la provincia de Buenos Aires. Escondido, o mejor clandestino como muchos de los compañeros señalados por el terror de la dictadura militar. Había dedicado su vida a denunciar los atropellos del imperio, y por cierto el de los muchos traidores a su patria; y claramente había denunciado a los gobiernos de ocupación que sostenían los intereses imperiales en desmedro de los intereses del pueblo. Y justamente por haber dedicado su vida a denunciarlos, sabía que la muerte iba a entrar en forma de bala, de asesinato y de martirio. Sabía también que sus libros eran quemados y destruidos, no sabían los genocidas que sus ideas iban a fecundar infinitamente en el fragor del odio. Y que generaciones enteras iban alimentar su amor por la patria gracias a esa pluma magnifica y heroica que lo acompañó hasta la muerte.

Rodolfo, había nacido en Choele Choel, Río Negro el 9 de enero de 1927. “ Nací en Choele-Choel, que quiere decir "corazón de palo". Me ha sido reprochado por varias mujeres”. De ascendencia irlandesa y formación católica. Un niño más de esa generación de inmigrantes, un hombre más de esa Argentina que buscaba su destino en el trabajo y el estudio. “Mi padre era mayordomo de estancia, un transculturado al que los peones mestizos de Río Negro llamaban Huelche. Tuvo tercer grado, pero sabía bolear avestruces y dejar el molde en la cancha de bochas. Su coraje físico sigue pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los caballos. Uno lo mató, en 1947, y otro nos dejó como única herencia. Este se llamaba "Mar Negro", y marcaba dieciséis segundos en los trescientos: mucho caballo para ese campo. Pero esta ya era zona de la desgracia, provincia de Buenos Aires”.


Si, Walsh es Walsh, y lo es seguramente porque fue oficinista de un frigorífico, obrero, lavacopas, vendedor de antigüedades y limpiador de ventanas. Estudió unos años letras en la Universidad de la Plata y tal vez su curiosidad, su necesidad de entender la realidad lo volvió un criptógrafo excepcional. “Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios. El más espectacular: limpiador de ventanas; el más humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante de antiguedades; el más secreto: criptógrafo en Cuba”.

A los 17 años comenzó a trabajar en la Editorial Hachette como traductor y como corrector de pruebas, y a los 20 comenzó a publicar sus primeros textos periodísticos. “Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos, cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto grado. Cuando a los diecisiete años dejé el Nacional y entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero había perfeccionado el método: ahora armaba sigilosos acrósticos”. Y Walsh se convirtió en Walsh, en el precursor del Nuevo Periodismo argentino y latinoamericano que pasó a la historia de la literatura como novela de no ficción. “La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: Si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir. Mi noviazgo con una muchacha que escribía incomparablemente mejor que yo me redujo a silencio durante cinco años. Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en un mes, sin pensar en la literatura, aunque sí en la diversión y el dinero. Me callé durante cuatro años más, porque no me consideraba a la altura de nadie”.

Pero su voz hecha pluma no descansaba y escribió "Operación Masacre". “Operación masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior. Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso. Volví, completé un nuevo silencio de seis años. En 1964 decidí que de todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aún ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces. En la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez”.

Y escribió "¿Quién mató a Rosendo?", "El caso Satanovsky" y escribió y ya no pudo parar de escribir.
Autor también de relatos como los agrupados en "Diez cuentos policiales", "Variaciones en rojo", "Los oficios terrestres", "Un kilo de oro", "Un oscuro día de justicia".
Incursionó en obras teatrales como: "La granada" y "La batalla". Colaboró en las revistas Leoplán, Vea y Lea, Panorama, Primera Plana, Semanario Villero. Y en el periódico Mayoría.

En 1973 comenzó a militar en la organización Montoneros con el grado de Oficial y el alias de Esteban. Fundó un sector: el Departamento de informaciones de Montoneros y fue su garante. Junto al poeta Francisco Paco Urondo, su gran amigo, fundan y redactan el periódico Noticias. En Madrid, Perón le presentó a Raimundo Ongaro, Secretario General de la CGT de los Argentinos, y el 1º de mayo creó y dirigió el semanario CGT por expreso pedido de Perón.

Junto a Gracia Márquez había participado de la gestación de la agencia cubana Prensa Latina. Ahora en los 70 de la agencia clandestina ANCLA. "Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información."

Walsh creía en el poder de la palabra, en su acción liberadora, en su capacidad de buscar y encontrar a los otros para hacer la justicia y trabajar por la verdad. Este fue su arte y sin dudas iba a convertirse en su legado.

Walsh, era Walsh, y ahora lo era más que nunca, el militante estaba en su causa y con causa: “ Desde los comienzos de la burguesía, la literatura de ficción desempeñó un importante papel subversivo que hoy no lo está desempeñando, pero tienen que existir muchas maneras de que vuelva a desempeñarlo y encontrarlas. Entonces, en ese caso, habrá una justificación para el novelista en la medida en que se demuestre que sus libros mueven, subvierten. Por otro lado, mientras uno está fuera de todo contacto con la acción política, ya sea directa o por el medio que te rodea, uno está alienado en el concepto burgués de la literatura. Sos un inocente en realidad, vos estás en realidad compitiendo con estos tipitos a ver quién hace mejor el dibujito cuando en realidad te importa un carajo, porque vas a estar compitiendo con estos tipos... hasta que te das cuenta de que tenés un arma: la máquina de escribir. Según cómo la manejás es un abanico o es una pistola y podés utilizar la máquina de escribir para producir resultados tangibles, y no me refiero a los resultados espectaculares, como es el caso de Rosendo, porque es una cosa muy rara que nadie se la puede proponer como meta, ni yo me lo propuse, pero con cada máquina de escribir y un papel podés mover a la gente en grado incalculable. No tengo la menor duda”.
Y su arte se volvió militancia.

En septiembre del 1976 muere en un enfrentamiento su hija Vicki. Tenía 26 años, y era militante de Montoneros. Murió también su amigo Paco Urondo en Mendoza, perseguido por fuerzas militares conjuntas. “Hoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, María Victoria, después de un combate con fuerzas del Ejército. Sé que aquéllos que la conocieron la han llorado. Otros, que han sido mis amigos o me han conocido de lejos, hubieran querido hacerme llegar una voz de consuelo. Me dirijo a ellos para agradecerles pero también para explicarles cómo murió Vicki y por qué murió”.

Walsh, plantea justamente que el recuerdo y el consuelo, no tienen que ver con la memoria. La memoria recupera en la muerte la vida y el sentido de las luchas y eso vale sobre todo para Walsh.
La palabra se vuelve militancia, y la militancia vuelve en la palabra como memoria
“Fue a militar a una villa miseria. Era su primer contacto con la pobreza extrema en cuyo nombre combatía. Salió de esa experiencia convertida a un ascetismo que impresionaba. Su marido, Emiliano Costa, fue detenido a principios de 1975 y no lo vio más. La hija de ambos nació poco después. El último año de vida de mi hija fue muy duro. El sentido del deber la llevó a relegar toda satisfacción individual, a empeñarse mucho más allá de sus fuerzas físicas”.

“El 28 de setiembre, cuando entró en la casa de la calle Corro, cumplía 26 años. Llevaba en brazos a su hija porque a último momento no encontró con quién dejarla. Se acostó con ella, en camisón. Usaba unos absurdos camisones blancos que siempre le quedaban grandes.
A las siete del 29 la despertaron los altavoces del Ejército, los primeros tiros. Siguiendo el plan de defensa acordado, subió a la terraza con el secretario político, Molina, mientras Coronel, Salame y Beltrán respondían al fuego desde la planta baja.
A los camiones y el tanque se sumó un helicóptero que giraba alrededor de la terraza, contenido por el fuego. "De pronto, dice el soldado, hubo un silencio. La muchacha dejó la metralleta, se asomó de pie sobre el parapeto y abrió los brazos. Dejamos de tirar sin que nadie lo ordenara y pudimos verla bien. Era flaquita, tenía el pelo corto y estaba en camisón. Empezó a hablarnos en voz alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo.
'Ustedes no nos matan' dijo el hombre 'nosotros elegimos morir'. Entonces se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros.
Abajo ya no había resistencia. El coronel abrió la puerta y tiró dos granadas. Después entraron los oficiales. Encontraron a una nena de algo más de un año, sentadita en una cama, y cinco cadáveres.
En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota de lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella: vivió para otros, y esos otros son millones.
Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy yo quien renace de ella”.

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