12 de Octubre: "Día de la Diversidad Cultural"

Nuestros paisanos, los indios.

El recurso retoma distintas concepciones, en torno a los pueblos originarios, de quienes pensaron la patria en el proceso de emancipación americana.


La historia oficial que narra la construcción de nuestra nación, poco dice de los pueblos originarios en los tiempos de la emancipación americana. En este sentido nos proponemos indagar en proyectos de patria donde estos pueblos eran contemplados e integrados a una idea de nación inclusiva y diversa.

Situación de los pueblos indígenas por 1810

Los pueblos originarios que sobrevivieron la conquista española corrían distinta suerte cuando se desató el proceso revolucionario en 1810. En el entonces Virreinato del Río de la Plata y la Capitanía de Chile, aún había “territorios libres”, regiones geográficas en poder de los indígenas. Tal era el caso de la Pampa, la Patagonia y la Región Chaqueña, poblada por los Guaikurúes, mataco-mataguayos, Tehuelches, mapuches y Ranqueles.

Hacia 1776 el Alto Perú había sido incorporado al Virreinato como fuente de financiamiento. El cerro del Potosí constituía una de las mayores riquezas de Hispanoamérica. Los pueblos de esta región sufrían la explotación bajo el sistema de la mita y el Yanaconazgo que los condenaba a trabajos forzados en haciendas y minas españolas.

En el noroeste y el litoral los pueblos se integran con la sociedad criolla en un proceso de mestizaje. Los llamados ‘diaguitas’ habitaban el noroeste del actual territorio argentino, conformados por distintos pueblos unidos por un idioma en común. Por otra parte, se encontraban los guaraníes en la región mesopotámica con un alto grado de organización social como comunidades agrícolas.

Los hombres de Mayo

La dirección del proyecto revolucionario, desatado en 1810, se dirime en lo que se ha llamado las “dos rutas de mayo”: una que tiende a conservar el orden social y afianzar las relaciones comerciales con Inglaterra y otra que busca cambios sociales profundos. Líderes como Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Bernardo de Monteagudo, incluyeron en su proyecto de libertad a los indígenas del territorio virreinal, incentivándolos a la lucha por la igualdad.

Mariano Moreno había realizado sus estudios de derecho en la Universidad de Chuquisaca. Su tesis final es una “Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios en general y sobre el particular de Yanaconas y Mitarios”, el trabajo muestra no sólo las concepciones ideológicas de Moreno sino también su conocimiento sobre la realidad de los pueblos del Alto Perú, condenando la explotación de los yanaconas y de los mitayos:

“Soy de parecer que esta introducción y costumbre es del todo abusiva y perjudicial, destructiva de los autorizados privilegios de los indios y que aunque por los respectos de los tiempos las han tolerado nuestras leyes, sin embrago en la actualidad serían dignos de los mayores elogios aquellos magistrados que emplearan todo su poder y celo en exterminarla”. (Mariano Moreno, 1802)

En 1811 La Gaceta de Buenos Aires, periódico vinculado al grupo de Moreno, declara que “el indio es ciudadano y se halla bajo la protección de las leyes”. Ese mismo año, la Primera Junta establece que cada intendencia designe representantes indígenas.

Juan José Castell, vocal en la Primera Junta, al mando de la expedición al Alto Perú, realiza distintos discursos a las comunidades indígenas,

… “la imagen de vuestra miseria y abatimiento atormenta mi corazón sensible (…) No podéis ignorar que arrebatado por la perfidia del trono de sus mayores, el Sr. Don Fernando VII suspira inútilmente por su libertad (…) ¿No es verdad que siempre han sido mirados como esclavos? La historia de nuestros mayores y vuestra propia experiencia descubren el veneno y la hipocresía (…) Sólo aspiramos a restituir en los pueblos la libertad civil y que vosotros bajo su protección vivireís libres gozando la paz juntamente con nosotros de los derechos originarios que nos usurpó la fuerza. La Junta de Capital los considerará siempre hermanos e iguales.

Nuevamente Castelli se pronunciará a favor de la causa indígena en Oruro, incitándolos a unirse a la Revolución:

“Ciudadanos compatriotas: al fin ha llegado la época suspirada en que los injustos opresores de la patria vacilen y se estremecen, sin poder ya reanimar su moribundo despotismo (…) El grito de la naturaleza y el poder de la razón han sofocado la débil y amenazada voz de los tiranos (…) Ya ha llegado el tiempo en que el virtuoso ciudadano sea preferido al inmoral extranjero…”

Así mismo al aniversario de la revolución se proclama el fin de la servidumbre indígena que- aunque no tuvo efectos jurídicos inmediatos- muestra la voluntad del grupo morenista de incorporar a la lucha a los pueblos originarios:

“… Habiendo declarado el gobierno que los indios son iguales a los demás habitantes no hay razón para que no se supriman los abusos y se propenda a su educación y prosperidad. En consecuencia ordena: las autoridades deberán informar para cortar los abusos en perjuicio de los indios aunque sea ‘a título de culto divino’; promover su beneficio, especialmente en repartimientos de tierras, establecimientos de escuelas en todos sus pueblos, exención de cargas e imposiciones…”

La política revolucionaria toma diversas medidas que favorecen a los pueblos originarios, finalmente la Asamblea del año XIII termina con la mita, la encomienda, el yanaconazgo y todo servicio personal, afirmando que los indígenas son hombres libres e iguales a todo los demás ciudadanos, declarando que todo documento oficial debe ser traducido al guaraní, quechua y aymará.

La propuesta de Belgrano

Mara Espasande, refiriéndose a lo acontecido en Tucumán en 1816, expresa que: “La declaración de la Independencia se hace con miras a la patria grande, aquella que San Martín y Bolívar tanto propugnaban. El acta de independencia se realiza en castellano y en quechua. En este contexto, nace uno de los proyectos políticos más importantes de esta etapa y paradójicamente el más silenciado: coronar un Inca para que gobierne el territorio de las Provincias Unidas del Sud.”

La propuesta de Belgrano se condecía con la situación europea de restauración monárquica, por ello sostiene la idea de una monarquía atemperada, pero adecuada al contexto americano.

“La dinastía de los incas por la justicia que en sí envuelve la restitución de esta casa tan inicuamente despojada del trono por una sangrienta revolución, que se evitaría en lo sucesivo con esta declaración, y el entusiasmo general que se poseerían los habitantes del interior, con solo la noticia de un paso para ellos tan lisonjero…”

Los incas habían gobernado legítimamente gran parte del territorio antes de la llegada de los españoles. La presencia de su cultura se torna visible en, por ejemplo, el escudo nacional diseñado por un indígena que escapó de la represión de la sublevación de Tupac Amaru, y en la versión original nuestro himno nacional, realizado en castellano y en quechua.

“Se conmueven del Inca las tumbas y en sus huesos revive el ardor, lo que ve renovando a sus hijos, de la patria el antiguo esplendor.”

La elite ilustrada porteña no podía concebir la idea de coronar un aborigen. El diputado Anchorena será quién demuestre su desaprobación al proyecto en una carta a Juan Manuel de Rosas, aclara que no desacuerda con la idea de una monarquía sino en que “se piense en un monarca de las castas de chocolates, cuya persona, si existía, probablemente había que sacarla cubierta de andrajos de alguna chichería para colocarla en el elevado trono del monarca”

Había varios candidatos posibles para coronar, uno de ellos era Don Dionisio Inca Yupanqui, nacido en Cuzco y educado en España, Coronel de un regimiento de Dragones de España y diputado de las Cortes de Cádiz. Otro candidato era el hermano de Túpac Amaru, llamado Juan Bautista Tupamaro, quién participó activamente en la sublevación encabezada por su hermano.

San Martín y “nuestros paisanos los indios”

Algunos historiadores, como García Hamilton, cuestionaron el origen de San Martín, sosteniendo que el libertador es hijo de Diego de Alvear y una indígena, llamada Rosa Guarú. En este sentido, el General Manuel de Olazábal narra en sus memorias (1867) un encuentro entre San Martín y caciques de diferentes tribus del sur de Mendoza:

“Reunidos allí el General y los caciques formados en círculos y sentados en el suelo, el general desde su silla les dijo por el intermedio del Lenguaraz Guajardo: Que los había convocado para hacerles saber que los españoles iban a pasar de Chile con un ejército para matarlos a todos y robarles sus mujeres e hijos. Que en vista de esto, y siendo él también indio, iba a pasar los Andes con todo su ejército y los cañones que veían para acabar con todos los godos que les habían robado la tierra a sus padres. Pero, que para poderlo hacer por el Sud como pensaba, necesitaba el permiso de ellos que eran los dueños.”

El libertador se vinculó con diversas comunidades originarias, algunos indígenas también formaron parte de su ejército. Una vez nombrado “Protector del Perú” el 27 de agosto dispone la eliminación de la servidumbre por parte de los indios. De esta manera termina con los servicios conocidos como mita, encomienda, yanaconazgo.

“sería un crimen consentir que los aborígenes permaneciesen sumidos en la degradación moral en la que los tenia reducido el gobierno español y continuasen pagando la vergonzosa exacción que con el nombre de ‘tributo’ fue impuesta por la tiranía como signo de señorío”.

Artigas y Andresito

Una vez desatada la guerra contra los absolutistas, se conforma el ejército antigüista. En el confluirán un amplio espectro de grupos sociales, entre ellos charrúas, minuanes y ‘tapes’ de la tierra misionera.

Juan Zorrilla de San Martín cuenta que Artigas “los creyó hombres y los amó con predilección. Artigas se expresaba con facilidad en guaraní. Ellos, en cambio, lo juzgaron como un semidios, y le dieron toda la sangre que les pidió. Y él hizo de ellos soldados, soldados de la patria, disciplinados, valientes…”

El 10 de septiembre de 1815 establece en “Reglamento Provisorio de las Provincia Oriental para el fomento de la campaña y seguridad de sus hacendados” con el cuál los indígenas se benefician con el derecho a la posición de la tierra, pero también comienzan a ser considerados como sujetos con derechos políticos. Para organizar la Confederación se convoca a un congreso provincial en el arroyo de la China, al que la población aborigen envía sus representantes.

Artigas escribía en una carta al gobernador de Corrientes “yo deseo que los indios, en sus pueblos, se gobiernen por sí, para que cuiden sus intereses como nosotros de los nuestros. Así experimentarán la felicidad práctica y saldrán de aquel estado de aniquilamiento a los que lo sujeta la desgracia. Recordemos que ellos tienen el principal derecho y que sería una degradación vergonzosa mantenerlos en aquella exclusión que hasta hoy han padecido por ser indianos…”.

El pueblo guaraní, encabezado por Andrés Guacararí o Andresito Artigas, también se suma al frente artiguista a raíz de la invasión Lusitana a la Banda oriental. Finalmente, Andresito gobierna las provincias de Corrientes y Misiones entre 1815 y 1819. Ahijado y lugarteniente de Artigas fue, tal vez, el único indígena que ocupo una gobernación en la historia de nuestro país.

Reflexiones

La Prof. de historia Mara Espasande refiere que, concluidas las luchas por la independencia, comienza un nuevo proceso histórico: “La profundización del modelo liberal constituye los cimientos de las patrias chicas exportadoras que adoptarán durante el siglo XIX las ideas europeas concluyendo en que los elementos americanos, hispanos u originarios eran bárbaros, por lo tanto debían ser exterminados. De allí la exclusión de distintos pueblos no sólo de la estructura económica y social sino también de los relatos de la historia de las luchas por la independencia.”

Entre 1833 y 1834, Rosas encabezará la primer “conquista del desierto”, haciéndose eco de las demandas de sus colegas estancieros sobre los constantes robos de ganado por parte de los indios, En ella combino la conciliación con la represión.

En lo sucesivo, continuará esta política de ampliación de las fronteras, ganándoles tierra a los aborígenes. En esta empresa se destacará Julio Argentino Roca, quién como ministro de Guerra aplicará un plan de aniquilamiento de las comunidades indígenas a través de una guerra ofensiva y sistemática.

El éxito obtenido en la llamada "la Conquista del desierto" prestigió frente a la clase dirigente la figura de Roca y lo llevó a la presidencia de la república. Para el estado nacional, significó la apropiación de millones de hectáreas, que en teoría serían destinadas al establecimiento de colonos y pequeños propietarios llegados de Europa, sin embargo fueron distribuidas entre una minoría de familias vinculadas al poder, que pagaron por ellas sumas irrisorias.

"Sellaremos con sangre y fundiremos con el sable, de una vez y para siempre, esta nacionalidad argentina, que tiene que formarse, como las pirámides de Egipto, y el poder de los imperios, a costa de sangre y el sudor de muchas generaciones". (Julio Argentino Roca).

Fuentes.
Artículo de Mara Espasande: "Los pueblos originarios y su participación en la independencia americana" en la Obra: “Son tiempos de Revolución. De la emancipación al Bicentenario”. Ediciones Madres de Plaza de Mayo.
Artículo de Felipe Pigna "La Conquista del Desierto"

Contenido adicional:

Autor: Patricio Torres
Foto Autor: Patricio Torres
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