9 de Julio

Libres de España

Breve reseña histórica del proceso emancipatorio desatado en 1810 hasta la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en 1816.

Antecedentes: la Revolución de Mayo.


La Revolución de Mayo de 1810 dió origen al primer gobierno criollo: la Primera Junta. La causa inmediata de este desenlace fue la invasión de Napoleón a España que tomó prisionero al Rey Fernando VII.

La Primera Junta declaró que gobernaba en nombre del Rey cautivo. Esta situación fue interpretada como una estrategia llamada “la máscara de Fernando”. Es decir, los criollos le juraban lealtad al Rey pero en realidad querían independizarse de la metrópoli, sólo que no estaban dadas las condiciones para ello.

A partir de 1810 se organizaron expediciones militares para extender el alcance de la revolución, y comenzaron las guerras entre los criollos y españoles en América y sus aliados locales, quienes no creían en esta supuesta fidelidad al rey español, y tampoco estaban interesados en modificar la situación colonial. Asimismo, en otros puntos de Hispanoamérica, surgieron nuevos focos revolucionarios en contra de la dominación española.

Contexto histórico de la Independencia: Cambio de Escenario

Los sucesivos gobiernos después de la Primera Junta de 1810, mantuvieron la lealtad a Fernando VII, hasta 1816, donde el escenario cambió radicalmente con la derrota de Napoleón, hecho que desencadenó el proceso de restauración monárquica en toda Europa.

Fernando VII, nuevamente en el trono, pretendió retomar el dominio sobre sus colonias. En este sentido, la corona logró recuperar zonas de Hispanoamérica, antes controladas por movimientos emancipadores americanos. En este complejo escenario de 1816, el territorio que correspondía a las Provincias Unidas del Sur, era el único en manos de los criollos.

Con Fernando VII al trono, los criollos se vieron obligados a decidir entre: devolver la potestad de estas provincias a la Corona o bien romper los vínculos coloniales con la metrópoli.

La influencia de San Martín

San Martín, para seguir avanzando con sus campañas libertadoras precisaba un piso de legitimidad, por ello presionó para que se declare la independencia:

"¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia! ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender, cuando estamos a pupilo? Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos [...] Veamos claro, mi amigo; si no se hace, el congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir, a Fernandito”. (San Martín, 12 de abril de 1816)

El Congreso de Tucumán

El 24 de marzo de 1816 inició sus sesiones el Congreso Constituyente de Tucumán, con delegados de todas las provincias del Río de la Plata y de algunas provincias del Alto Perú (Chichas y Mizque), menos las provincias litorales bajo el liderazgo de Artigas: Entre Ríos, Santa Fé, Corrientes y la Banda Oriental.

Se había elegido como sede a la ciudad de Tucumán, porque estaba ubicada en el centro del virreinato y por el recelo de las provincias ante el protagonismo porteño, en un hecho que las involucraba a todas. Fray Cayetano Rodríguez le explicó a un amigo los motivos de la elección:

“Ahora encuentras mil escollos para que el Congreso sea en Tucumán. ¿Y dónde quieras que sea? ¿En Buenos Aires? ¿No sabes que todos se excusan de venir a un pueblo a quien miran como opresor de sus derechos y que aspira a subyugarlos? ¿No sabes que aquí las bayonetas imponen la ley y aterran hasta los pensamientos? ¿No sabes que el nombre porteño esta odiado en las Provincias Unidas o desunidas del Río de la Plata?*

El Congreso debía tratar, entre otros temas, la declaración de la independencia, y la forma de gobierno más adecuado para estas provincias.

La propuesta de Belgrano

Belgrano, quién acababa de volver de una misión diplomática en Europa, informó acerca del predomino de la Santa Alianza, es decir de las potencias europeas unidas por un pacto en el que, luego de derrotar a Napoleón, se proponían restaurar las monarquías y a combatir la difusión de las ideas republicanas. Ante esta situación advirtió que sería más difícil el reconocimiento de nuestra independencia si nos organizábamos como una república. Por ello, propuso el establecimiento de una monarquía atemperada, argumentando que el rey debía pertenecer al Imperio de los Incas.

“Las naciones en Europa tratan ahora de monarquizarlo todo. Considero que la forma de gobierno más conveniente a estas provincias es una monarquía, es la única forma de que las naciones europeas acepten nuestra independencia. Y se haría justicia si llamáramos a ocupar el trono a un representante de la casa de los Incas”

San Martín y Güemes apoyaron su propuesta, en carta a Godoy Cruz, el mendocino dijo: “Yo le digo a Laprida lo admirable que me parece un plan de un Inca a la cabeza, las ventajas serían geométricas “.

La propuesta no prosperó ya que la élite ilustrada porteña no podía concebir la idea de coronar un aborigen. El diputado Anchorena, en una carta a Juan Manuel de Rosas, aclaró que no desacordaba con la idea de una monarquía sino en que “se piense en un monarca de las castas de chocolates, cuya persona, si existía, probablemente había que sacarla cubierta de andrajos de alguna chichería para colocarla en el elevado trono del monarca”

La Declaración

Finalmente el 9 de Julio, se trató el “Proyecto de deliberación sobre la libertad e independencia del país”. El Secretario Juan José Paso preguntó a los congresales “Si querían que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre de los reyes de España y su metrópoli” y todos los diputados aprobaron por aclamación la propuesta, firmando el Acta de la Independencia que declaraba:

“solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueran despojadas e investirse del alto carácter de nación independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y métropolí”.

El 19 de julio, el diputado Medrano, en sesión secreta, hizo aprobar una modificación a la fórmula del juramento, agregando después de “independientes del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”, la frase: “y de toda dominación extranjera”

El historiador, Norberto Galasso , hace referencia a un manifiesto, documento de este congreso, donde se explica el motivo de la declaración de la independencia:

En 1810 “establecimos una junta de gobierno a semejanza de las de España, institución puramente provisoria y a nombre del cautivo rey Fernando”, pero que “él nos declaró amotinados en los primeros momentos de su restitución”, y por tanto “un torrente de males y angustias semejantes es el que nos ha impulsado para tomar el único partido que quedaba”.

La decisión del Congreso de Tucumán, así como la inmediata reunión entre San Martín y el nuevo Director Supremo, Pueyrredon, consolidaron la campaña libertadora del prócer mendocino, quién al mando del Ejército de los Andes y junto a otras fuerzas emancipadoras americanas, como las encabezadas por O´Higgins y Bolívar terminaron con la opresión española.

Fuentes
"Independencia: se concretó el sueño de mayo", Artículo de Norberto Galasso en“El Bicentenario”,Publicación de la Presidencia de la Nación, 200 años Bicentenario Argentino, 10 de mayo de 2010.
"Los mitos de la historia argentina. La construcción de un pasado como justificación de un presente." Felipe Pigna, Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 2004.
"Historias argentinas". De la Conquista al Proceso. Pacho O´Donnell. Buenos Aires: Debolsillo, 2009.
"El Historiador" de Felipe Pigna

Etiquetas:

9 de Julio , independencia

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