Las insignias patrias cuentan su historia

Con motivo de celebrarse las fiestas patrias, las solapas de nuestros abrigos comienzan a lucir los colores celeste y blanco... ¿Sabemos cabalmente el porqué de estas insignias con sus colores?

Manuel Belgrano no vió en el cielo celeste y las nubes blancas la inspiración para crear la Bandera nacional; el mismo Belgrano dice en sus memorias que utilizó los colores de la escarapela nacional, él dice en un oficio de gobierno días antes de inaugurar unas baterías en las que se iza por primera vez la Bandera Nacional: “Las banderas de nuestros enemigos son las que hasta ahora hemos usado; pero V. E. ha determinado la escarapela nacional con que nos distinguieran aquellas y que en estas baterías no se viese tremolar sino las que V. E. designe. Abajo Excmo. Sr., esas señales exteriores que para nada nos han servido, y con que parece no hemos roto las cadenas de la esclavitud”. Luego de la inauguración de las baterías, que fue el 27 de febrero de 1812, Belgrano dice: “… Siendo preciso enarbolar la bandera, y no teniéndola, la mandé hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de V. E."



Los colores nacionales se usaron en la Argentina desde 1811, en la escarapela famosa erróneamente atribuida a la distribución de French y Beruti del año anterior.

Provenían de los colores borbónicos, de la casa de Fernando VII (rey ausente de España). La escarapela blanca y celeste ya había sido utilizada por Pueyrredón y otros camaradas durante las Invasiones Inglesas y formalmente su creación se hace por decreto el 18 de febrero de 1812.

La Bandera, por su parte, se utilizó desde el 25 de mayo de 1812, pero sólo a principios del año 1813 tuvo cierta oficialización, hasta que la Asamblea General consagró su uso el 3 de marzo de 1813, el mismo día que se conoció en Buenos Aires la noticia del triunfo de Belgrano sobre los realistas en Salta.

El gobierno no recibió amistosamente la noticia que se había enarbolado una bandera nacional. Belgrano quería que se proclamara la independencia de España, la nueva bandera significaba eso y le ordenaron entonces que izase otra vez los colores españoles. Temían desagradar al embajador inglés Lord Strangford que opinaba a favor de una estrategia hipócrita de sostener buenas relaciones políticas con la corona española.
Pero el símbolo ya había sido cargado de significado, ya nos identificaba.


Si bien el protagonista nato de la historia es el hombre –son los hombres- la historia misma se traduce en hechos, se proyecta en hechos que involucran a muchos más hombres de los que solemos recordar u homenajear porque es un devenir colectivo, del sentido conjunto del hacer y que se han preocupado por hacer para muchos, son los que merecen nuestro homenaje vívido. Este es el caso de Belgrano, pues todos los días, en ese acto tan simple de izar la bandera, estamos homenajeándolo y reconociendo su proyección y permanencia porque fue capaz de interpretar en algunos aspectos aquello que convenía para “los hombres” en esto que apenas se perfilaba como Nación.

“Aquí está la bandera idolatrada, la enseña que Belgrano nos legó” cantamos. Este hombre, protagonista de nuestra historia trató de pensar una nación cuando ésta era sólo un proyecto lejano y buscó para ello elementos de identidad como la bandera –ESTA BANDERA- que hoy, que todos los días, lo incorpora a nuestra realidad y sigue haciendo de él un protagonista que desde su tiempo, ha sido capaz de proyectarse y permanecer en este tiempo, que es el nuestro y de proyectar virtudes exigibles a los hombres de hoy. Es su perfil moral el que lo describe como un ideal de ciudadano que sería más que interesante volver a contemplar entre nosotros, los ciudadanos de la Argentina de hoy que tenemos la obligación de continuar con esa tarea colectiva de construcción de la Nación, que es un proceso sin fin.

Es este sentido suena interesante mencionar el civismo, como una práctica más que como un puñado de conocimientos acerca de los símbolos patrios, el respeto a los mismos y a las garantías individuales memorizadas para recitarlas en un día de la bandera y olvidarlas en las actividades más elementales de la vida cotidiana.

Yo llamaría a una bandera metonimia, porque es un tipo de símbolo que, en vez de representar un aspecto de lo que significa ser argentino, representa a la nación argentina, y la nación no va a ser otra cosa que lo que nosotros hagamos de ella y lo que hagamos de ella será lo que represente nuestra bandera.

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