Inclusión y diálogo, dos aspectos que Bar destacó de su gestión

A pocos días de dejar el cargo, la titular del Consejo General de Educación recibió EL DIARIO y contó cuáles son sus planes para el futuro. Realizó un balance de su gestión, habló de los paros y se emocionó al recordar sus problemas de salud. También

Novelas de Florencia Bonelli y un viaje a Colón con un grupo de amigas serán algunos de los primeros destinos de Graciela Bar cuando termine su segunda gestión al frente del Consejo General de Educación (CGE), en menos de tres semanas. También la expectativa de los días por venir está puesta en sus seis nietos, de entre 3 y 7 años, a los que lamenta no haber podido disfrutar lo suficiente, salvo algún que otro sábado, en alguna placita, con celular y expedientes a mano. “Además, soy una usina de proyectos sociales y comunitarios y seguramente haré cosas tanto en Paraná como en Victoria. Hace muchos años que tengo dos casas y mi gran dilema hoy es dónde radicarme. Pero lo seguro es que a la política y a la educación, que son mis dos pasiones, no las voy a dejar nunca. De la política uno nunca se retira. Y mucho menos de la gran vocación de enseñar”, resume la funcionaria.
– ¿De qué cosas se siente orgullosa?
– Del trabajo hecho para la resignificación de la escuela secundaria. Haber iniciado ese cambio en el sistema que más falencias tenía, por ser el más expulsivo, el que no exigía, del cual los chicos se iban y no importaba, es un orgullo. También lo que hicimos en educación para adultos. No sólo en alfabetización, donde superamos la media nacional, ya que a un porcentaje del 2,7 lo redujimos a un 1,8 y pasamos de tener cinco a 450 centros de alfabetización, sino porque la educación de adultos era la hermana pobre del sistema y le hemos dado calidad. Y también por la formación docente, que es lo mío. Siempre había insatisfacción con la formación de los egresados, que era muy general y los preparaba para las escuelas de las zonas urbanas con contextos sociales sin muchos problemas. La formación de hoy, al ser más extensa, incluye educación sexual y ambiental, convivencia, mediación. Y estos cambios han sido acompañados con medidas que hacen a la autonomía de los institutos.
– ¿Cómo llegó al cargo?
– Sergio Urribarri me invitó en abril de 2007, siendo yo senadora nacional. Primero no quise saber nada. Tenía claro que eran no menos de 18 horas de trabajo diario y problemas todos los días. Urribarri me llamó varias veces y también, en ese entonces, el ex gobernador Jorge Busti. Me fueron convenciendo de a poco. En junio me decidí, lo visité a Urribarri en su casa, me explicó cuáles eran las líneas que tenía en mente para la educación y formamos un equipo político técnico que hizo que, por primera vez, la provincia tuviera un plan educativo.

LO PEOR. Una voz chillona amplificada por megáfono irrumpe por la ventana que Bar mandó a abrir para que algo de aire se cuele en la calurosa oficina del cuarto piso del palacio de educación. Es un gran rectángulo de madera con una mesa larga con varias sillas y, al otro lado, un escritorio y su sillón. Hay un televisor, un crucifijo y no mucho más. Dependen de la funcionaria 43.000 maestros, 325.000 alumnos, 4.000 escuelas y 600 empleados. La manifestación que mete ruido desde la calle no convocó a más de 50 personas. Dice que está acostumbrada, aunque le afectan los insultos y las críticas. Y lo que verdaderamente le molesta son los paros.
– No ir a dar clases es lo peor. La dirigencia gremial tiene que encontrar otra forma de manifestar su disconformidad. No me refiero a acallar voces. Fui gremialista y estuve en las luchas cuando nos descontaban del sueldo, nos bajaban el concepto y veníamos a manifestarnos, nos corrían con perros y caballos y teníamos que escondernos. Pero el abuso de no dar clases no me parece bien. Veinte días en un año es una pérdida terrible, sobre todo para los chicos de sectores más vulnerables, que son los que más sufren porque viven en hogares en los que no hay libros, ni revistas, ni papás que les enseñen, ni computadoras, ni club, ni arte, ni maestras particulares. Perjudicar a estos chicos no es defender la escuela pública.
– ¿Cómo fue la relación con los gremios en su gestión anterior?
– Trabajamos mucho juntos. Había dirigentes muy críticos entonces. Estaban Clelia Lavini, Beatriz Montaldo, Shirley Deymonnaz, Julia Tizzoni. Tenían un nivel profesional impresionante, eran estudiosas. Discutíamos teorías de la educación. En este mismo salón tenían lugar batallas campales. Pero acordábamos y salíamos juntos a trabajar los cambios en la escuela. Fueron los gremios, entonces, un gran acompañamiento desde lo profesional. En esta gestión, no veo eso, sino una actitud de permanente cuestionamiento.
– ¿Qué otra diferencia puede señalar?
– Era el auge de la recuperación de la democracia y había como una ebullición. Había mucha participación y movilización en las escuelas, pero con poco contenido. Nosotros, desde 1987, le dimos contenido pedagógico a esas discusiones. Y eran tiempos en los que había pocos alumnos en las escuelas. La dimensión que alcanzó hoy el sistema es un dato muy significativo. Ahora están todos. La inclusión ha sido un sello muy notable, no sólo respecto a 20 años atrás, sino en estos últimos cuatro años.
– ¿La inclusión trae nuevos desafíos?
– Sin dudas, porque hay gente a la que le cuesta aceptar las diferencias cuando aparecen distintas condiciones sociales, de credo, de religión y hasta de género. Tenemos una escolta que hizo su elección de ser mujer y la hemos aceptado porque es parte de su libertad de elegir. Pero en la sociedad sigue habiendo discriminación.
– ¿Ya se acomodó el sistema a la demanda que vino de la mano de la Asignación Universal por Hijo?
– Fue un sacudón cuando se implementó. Tuvimos que alquilar salones, piezas, capillas, clubes. Pero ya se acomodó. Hemos desdoblado cursos y hay unas 50.000 horas cátedra más. Y nos acompañó la obra pública. No recuerdo otra gestión que haya invertido tanto.
– ¿Qué otro aspecto puede nombrar como distintivo de su gestión?
– Recorrer la provincia. El sistema educativo es muy amplio y no se puede planificar desde acá, entre cuatro paredes. Es también el rumbo que nos marcó el gobernador, que tiene esa impronta y nos contagió a todos.
– ¿En qué cosas ha tenido que intervenir personalmente?
– En problemas de convivencia derivados de la obra pública. Ha habido directoras de primaria que no querían ceder su patio para que se construyeran aulas para el secundario. Muchas veces fuimos, hablamos, persuadimos. También he recibido a padres preocupados por problemas de convivencia o por quejas acerca de algún directivo. Siempre escuché a todos y luego, por vía jerárquica, se han ido alcanzando soluciones. Muchos directores fueron separados por quejas de padres, pero siempre tras una evaluación y una investigación profundas.
– La innovación tecnológica es otro aspecto sobresaliente.
– En mi primera gestión la incorporamos a Gabriela Bergomás, recién recibida. Entregábamos todos los días a las radios un casete con audios educativos. Hoy con Gabriela y su equipo tenemos el portal @prender, en el que se nuclearon profesionales de la educación y de la comunicación que trabajan muy bien. A esto se suma el programa Conectar Igualdad, que ha sido revolucionario en el campo educativo. Que cada alumno y cada docente tengan su netbook ha cambiado la metodología de enseñar y de aprender.

EMOCIÓN. Graciela Bar está impecable, con un traje claro, el cabello arreglado, maquillaje discreto y buen semblante. Muestra un apósito en el brazo, rastro de que más temprano le extrajeron sangre para un análisis de control de los que debe realizarse tras el diagnóstico de cáncer de Colón que tuvo que enfrentar en febrero de 2008. Se emociona hasta las lágrimas al recordar esos días.
– Fue ni bien asumí, en febrero de 2008. Sentí un dolor, fui al médico y me diagnosticaron cáncer. Presenté la renuncia y el gobernador me dijo: “No Graciela, de ninguna manera, te vamos a esperar y te vamos a ayudar en todo”. Sentí su respaldo y aún me emociono cuando me acuerdo. Tuve mucho miedo de morirme. Después tuve que soportar la quimioterapia. Fue horrible, muy duro. Me ausenté durante el mes de marzo, cuando tuve que someterme a una cirugía, y luego faltaba a trabajar solo el día que me tocaba la quimioterapia. Me ayudaron mis compañeros de trabajo, entre ellos la vocal Graciela Maciel, que es muy trabajadora y responsable. Me recuperé y tengo un seguimiento exhaustivo. Hasta ahora va todo bien. Hay que ponerle garra y fuerza. Cuando volví, el 1 de abril, con mucha alegría nos reencontramos con el gobernador, lloramos, nos dimos un abrazo, el recordó a su padre, que también había padecido cáncer. Y seguimos trabajando.
– ¿La relación con el gobernador y los miembros del gabinete siempre fue buena?
– Muy buena. El gobernador confió y me respaldó. Lo mismo el ministro de Gobierno, Adán Bahl, que fue mi interlocutor más directo. En muchos momentos nos acompañó el vicegobernador, que es un estudioso de la educación. Y hemos trabajo junto a todos los ministerios: con Producción en educación técnica, con Salud en vacunación y controles, con Planificación por la construcción de escuelas. También debo mencionar el trabajo conjunto que hemos hecho con el Ministerio de Educación de la Nación, con quienes hay una excelente relación.
– ¿Y de Cristina (Fernández), qué opina?
– Me encanta. Fuimos senadoras juntas. Es muy estudiosa y tiene una oratoria brillante. Siempre me consultaba sobre temas educativos. Lo que más le valoro es su defensa de lo que es el Estado. Recuerdo cómo lo defendía a Néstor Kirchner en el recinto. Se admiraban mutuamente. Ella estaba pendiente de él, si viajaba, si tenía que dar un discurso. Recuerdo haber estado juntas y ver cómo se comunicaban permanentemente por teléfono. También hablaba mucho de su vida familiar, de sus hijos. Tal vez quienes la ven de afuera pueden pensar que Cristina es fría o que no se involucra en lo que le pasa al otro, pero en la intimidad es una persona que está pendiente de todos. Sé que preguntó varias veces por mi estado de salud al gobernador. La aprecio, la respeto, la valoro muchísimo y le deseo que su próxima gestión sea aún mejor que esta, para bien de Entre Ríos y de todos los argentinos.

Consejos de experta

– ¿Qué tienen que hacer los padres cuando los chicos se llevan materias?
– Exigir más. Hay un corrimiento de funciones en las familias. Hay sectores más pudientes o de mejores recursos que han delegado totalmente en la escuela la responsabilidad de educar y no exigen en el hogar horas de estudio, que tienen que estar presentes ya desde la primaria. Un padre exigente preserva a su hijo de muchas cosas no deseadas en el futuro. Cuando un alumno se lleva 7 materias, ahí hubo una familia ausente. No es sólo que la escuela no evaluó bien o que fue algo injusto. El alumno no estudió y eso tiene que ver con la casa. La escuela tiene 4 horas reloj de clases, pero el día tiene 24 horas en las que tiene que haber un horario de estudio. El principal consejo que doy, también como mamá y como abuela, es tomarse el tiempo de acompañar a los hijos a la escuela y respetar la autoridad pedagógica.
– ¿Y la computadora, la PlayStation y la televisión?
– Bienvenidas sean, pero con límites.
– ¿Que hay que tener en cuenta para elegir una escuela?
– Una buena escuela es la que da clases, la que tiene docentes que no faltan, en la que se enseñan valores. Tanto en estatales como en privadas, hoy hay de esas buenas escuelas.

PERFIL
Graciela Bar tiene 63 años. Nació en la provincia de Corrientes, pero a los 23 años se radicó en Entre Ríos, primero en Seguí y luego en Victoria. Es maestra y profesora en Ciencias de la Educación. Hija de madre también docente, peronista, y de padre bancario, intransigente, se acercó a la política a través del gremio docente que conducía en su ciudad. Fue una de las fundadoras de la lista Celeste de Agmer, condujo la seccional Victoria y fue secretaria gremial a nivel provincial. Por la labor en el sindicato, donde además impulsó fuertes políticas de capacitación, llegó a la presidencia del CGE, en 1987. Siempre militó en el peronismo de su ciudad, acompañando a la figura de Juan Carlos Stratta. Fue senadora nacional y resalta que le haya tocado trabajar en la sanción de leyes y luego volver a implementarlas a la provincia, como la Ley de educación técnica. Disertó en Bélgica, Perú, Francia, España, Uruguay, Brasil, Chile y Paraguay. La enorgullece haber completado los cuatros años de gestión en las dos oportunidades. Tiene tres hijos y seis nietos.

“La inclusión ha sido un sello muy notable, no sólo respecto a 20 años atrás, sino en estos últimos cuatro años”
“Tomarse el tiempo de acompañar a los hijos a la escuela y respetar la autoridad pedagógica”.

Luciana Dalmagro (El Diario 20-11-11)

Publicado el:

jueves 24 de noviembre de 2011

Fuente:

  • El Diario

Autor:

  • Miguel Noguera